Cuando el Altísimo hizo heredar á las gentes,
Cuando hizo dividir los hijos de los hombres,
Estableció los términos de los pueblos
Según el número de los hijos de Israel.
Porque la parte de Jehová es su pueblo;
Jacob la cuerda de su heredad.
(Deuteronomio 32:7-9)
Según se puede comprender por el pasaje anterior, el concepto de Israel existe desde la preexistencia. Es esta la organización en que la humanidad sería dividida, clasificada, ordenada, para que cada ser humano, hijo de Dios, pudiera recibir sus bendiciones. Los mismos "términos de los pueblos" (geográficos, políticos, sociales, históricos) fueron preestablecidos de acuerdo con esa organización. Pablo y Job nos hacen notar que fue en la preexistencia que dichos límites fueron preestablecidos.
Hechos 17:24-28
(25) Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues él da á todos vida, y respiración, y todas las cosas;
(26) Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de los habitación de ellos;
(27) Para que buscasen á Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros:
(28) Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje suyo somos.
¡El concepto de Israel es el concepto clave que abarca toda la historia de la humanidad y de la tierra! Es imposible, entonces, el entendimiento pleno de las profecías y de los acontecimientos actuales, del momento histórico en el que vivimos, sin esta comprensión.
Cuando hablamos de Israel hablamos, por supuesto, del conjunto de las doce tribus, y no sólo de José ni sólo de Judá. La puntualización anterior es precisa, sobre a todo en vista de los acontecimientos actuales, debido a que los periódicos identifican, equívocamente, a Judá como si fuera todo Israel. Pero Judá es sólo uno de los 12 hijos, y la historia de Judá, para ser comprendida, debe ser vista como una parte del todo, situado en un contexto más amplio.
Cada tribu de Israel tiene bendiciones distintas y específicas y una misión a cumplir, todo lo cual se expresa en las bendiciones dadas a ellas por Jacob y Moisés, además de otros profetas y videntes que también se han expresado al respecto. Antes de abordar estas lecturas conviene recordar que dichas bendiciones están expresadas en términos del Convenio de Abraham, es decir, que establecen la parte de responsabilidad en el sacerdocio, linaje y heredad de tierra que corresponde a cada tribu. Vimos el Convenio de Abraham en el ejemplar anterior de esta revista. Puede, pues, considerarse que se ha hecho una división de tareas, dándose a cada tribu una parte de la responsabilidad que llevará las bendiciones proféticas del Convenio de Abraham hacia su culminación.Inútil sería, pues, redoblar el esfuerzo sin considerar el objetivo.
Las bendiciones de Jacob, contenidas en los capítulos 48 y 49 del libro de Génesis son bendiciones de carácter patriarcal. Actualmente llamamos bendiciones patriarcales a las que da un patriarca ordenado por Dios a ese oficio, o a las que da un padre, patriarca del hogar, a sus hijos. La bendición de Jacob era una combinación de ambos tipos, ya que el combinaba ambos roles y responsabilidades sobre su persona.
La bendición de Moisés, en el capítulo 33 de Deuteronomio, es una bendición más particularmente enfocada hacia el convenio de la tierra, o heredad, que estaba en ese momento histórico a punto de alcanzar un cumplimiento parcial. La bendición de Moisés agrega también más información sobre la misión de la tribu de Leví, cuya responsabilidad en el sacerdocio se acababa de establecer. Ambas bendiciones abarcan, sin embargo, los tres aspectos del convenio de Abraham (el linaje o posteridad, el sacerdocio y la tierra o heredad) para todas las tribus.
Jacob, también llamado Israel, tuvo 12 hijos, cuyo orden de nacimiento entre sus cuatro esposas (dos esposas y dos concubinas), puede graficarse de la manera siguiente:
Con excepción de Dina (de quien no tenemos base para determinar su descendencia), el resto de los hijos de Jacob fueron varones, herederos del sacerdocio y padres, según se les dio el privilegio de ser, cada cual de una tribu. El Señor dividió entonces el cumplimiento del Convenio de Abraham en porciones, y dio una porción a cumplir a cada tribu, a través de las bendiciones dadas a sus padres. Jacob, ya entrado en años, llamó primero a José y bendijo a sus hijos, como lo podemos leer en el capítulo 48 de Génesis, dando al menor (Efraín) una mayor porción que al mayor (Manasés). Luego, llamó a todos sus hijos y, combinando sus roles como patriarca y como padre, le dio a cada uno una bendición, especificando en ella la misión, carácter y atributos de cada una de las tribus, así como su porción en el Convenio de Abraham, en términos de tierra, descendencia y sacerdocio. Esta bendición patriarcal de las tribus se encuentra en el capítulo 49 de Génesis.
Por su parte, Moisés bendijo también a cada tribu por separado y describió el papel que cada una desempeñaría en el futuro, desde la conquista de Canáan en adelante. Esta bendición profética se encuentra en el capítulo 33 de Deuteronomio.
A mí me gusta trazar una línea en mis escrituras en donde comienza y en donde termina cada bendición, para poder identificarlas rápidamente. Si se pudiese expresar de manera gráfica la correspondencia entre ambas bendiciones, para cada una de las tribus, seguramente resultaría una gráfica como la siguiente:
Resulta interesante notar el nivel de detalle que estas bendiciones dedican a cada una de las tribus. Aunque el número de versículos de una bendición no es en sí tan relevante como su contenido (una bendición patriarcal corta no es menos importante por esa razón que una más larga), sí es interesante observar que existen tres tribus cuya bendición se dió con mucho más detalle, como para que fuese más sencillo observar e identificar su cumplimiento:

La gráfica anterior no toma en cuenta Génesis 48, y aún así, puede destacarse rápidamente a José en cuanto al nivel de detalle en ambas bendiciones. Esto se debe a que José fue designado como el primogénito, o príncipe, entre las doce tribus. Acto seguido puede verse a Leví, en cuyas manos descansó el sacerdocio durante todo el tiempo del Antiguo Testamento, y cuya misión en él no se ha cumplido aún enteramente (ver 3 Nefi 24:3; DyC 128:24, 13:1). En tercer lugar en cuanto al nivel de detalle viene Judá (los judíos), quienes escribieron la Biblia, y cuya bendición más importante fue la de ser el linaje a través del cual se daría nacimiento al Salvador.
Parte de estas bendiciones ya se han cumplido. La Biblia fue escrita alrededor del cumplimiento de estas bendiciones, para hacernos notar cómo se iba desarrollando el cumplimiento de los convenios hechos con Abraham, con Isaac y con Jacob. Asimismo, el Libro de Mormón fue escrito a fin, según se nos indica en el mismo, de "mostrar al resto de la casa de Israel cuán grandes cosas el Señor ha hecho por sus padres; y para que conozcan los convenios del Señor y sepan que no son ellos desechados para siempre" (Libro de Mormón | Pref Portada:2).
Mormón explica el propósito de su libro a sus lectores con estas palabras:
"1 Y AHORA bien, he aquí, quisiera hablar un poco al resto de este pueblo que ha sido preservado, si es que Dios les concede mis palabras, para que sepan acerca de las cosas de sus padres; sí, os hablo a vosotros, un resto de la casa de Israel, y éstas son las palabras que yo hablo:
2 Sabed que sois de la casa de Israel.
3 Sabed que debéis llegar hasta el arrepentimiento, o no podéis ser salvos.
4 Sabed que debéis abandonar vuestras armas de guerra; y no deleitaros más en el derramamiento de sangre, y no volver a tomarlas, salvo que Dios os lo mande.
5 Sabed que debéis llegar al conocimiento de vuestros padres, y a arrepentiros de todos vuestros pecados e iniquidades, y creer en Jesucristo, que él es el Hijo de Dios, y que los judíos lo mataron, y que por el poder del Padre ha resucitado, con lo cual ha logrado la victoria sobre la tumba; y en él también es consumido el aguijón de la muerte".
(Libro de Mormón | Mormón 7:1 - 5)
Casi puede oirse el tono de desesperada súplica en su voz, en cuanto a la conducta que debía observar la Casa de Israel en nuestros días.
El entendimiento de los convenios hechos con cada tribu de la casa de Israel tiene que llevarnos a una dimensión distinta en la comprensión de versículos como el siguiente:
28 Declaro estas cosas para el cumplimiento de las profecías. Y he aquí, procederán de la boca del Dios sempiterno; y su palabra resonará de generación en generación.
29 Y Dios os mostrará que lo que he escrito es verdadero.
30 Y otra vez quisiera exhortaros a que vinieseis a Cristo, y procuraseis toda buena dádiva; y que no tocaseis el don malo, ni la cosa impura.
31 ¡Y despierta y levántate del polvo, oh Jerusalén; sí, y vístete tus ropas hermosas, oh hija de Sión; y fortalece tus estacas, y extiende tus linderos para siempre, a fin de que ya no seas más confundida, y se cumplan los convenios que el Padre Eterno te ha hecho, oh casa de Israel!
32 Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios.
(Libro de Mormón | Moroni 10:28 - 32)
Cada vez que el Libro de Mormón y que la Biblia hablan del cumplimiento de los convenios hechos con nuestros padres, se refieren explícitamente al cumplimiento del Convenio de Abraham, llevado a cabo a través de las bendiciones separadas y distintas a cada una de las tribus de Israel. De allí que cobre tanta importancia la comprensión de estas bendiciones, de las cuales surge la naturaleza de nuestras bendiciones patriarcales para enseñarnos nuestra porción particular dentro de ellas, y, con ello, dentro de todo el plan de salvación de Dios para la humanidad. Ese es nuestro papel dentro del Plan de Salvación y dentro del establecimiento de Sión.

La gráfica anterior no toma en cuenta Génesis 48, y aún así, puede destacarse rápidamente a José en cuanto al nivel de detalle en ambas bendiciones. Esto se debe a que José fue designado como el primogénito, o príncipe, entre las doce tribus. Acto seguido puede verse a Leví, en cuyas manos descansó el sacerdocio durante todo el tiempo del Antiguo Testamento, y cuya misión en él no se ha cumplido aún enteramente (ver 3 Nefi 24:3; DyC 128:24, 13:1). En tercer lugar en cuanto al nivel de detalle viene Judá (los judíos), quienes escribieron la Biblia, y cuya bendición más importante fue la de ser el linaje a través del cual se daría nacimiento al Salvador.
Parte de estas bendiciones ya se han cumplido. La Biblia fue escrita alrededor del cumplimiento de estas bendiciones, para hacernos notar cómo se iba desarrollando el cumplimiento de los convenios hechos con Abraham, con Isaac y con Jacob. Asimismo, el Libro de Mormón fue escrito a fin, según se nos indica en el mismo, de "mostrar al resto de la casa de Israel cuán grandes cosas el Señor ha hecho por sus padres; y para que conozcan los convenios del Señor y sepan que no son ellos desechados para siempre" (Libro de Mormón | Pref Portada:2).
Mormón explica el propósito de su libro a sus lectores con estas palabras:
"1 Y AHORA bien, he aquí, quisiera hablar un poco al resto de este pueblo que ha sido preservado, si es que Dios les concede mis palabras, para que sepan acerca de las cosas de sus padres; sí, os hablo a vosotros, un resto de la casa de Israel, y éstas son las palabras que yo hablo:
2 Sabed que sois de la casa de Israel.
3 Sabed que debéis llegar hasta el arrepentimiento, o no podéis ser salvos.
4 Sabed que debéis abandonar vuestras armas de guerra; y no deleitaros más en el derramamiento de sangre, y no volver a tomarlas, salvo que Dios os lo mande.
5 Sabed que debéis llegar al conocimiento de vuestros padres, y a arrepentiros de todos vuestros pecados e iniquidades, y creer en Jesucristo, que él es el Hijo de Dios, y que los judíos lo mataron, y que por el poder del Padre ha resucitado, con lo cual ha logrado la victoria sobre la tumba; y en él también es consumido el aguijón de la muerte".
(Libro de Mormón | Mormón 7:1 - 5)
Casi puede oirse el tono de desesperada súplica en su voz, en cuanto a la conducta que debía observar la Casa de Israel en nuestros días.
El entendimiento de los convenios hechos con cada tribu de la casa de Israel tiene que llevarnos a una dimensión distinta en la comprensión de versículos como el siguiente:
28 Declaro estas cosas para el cumplimiento de las profecías. Y he aquí, procederán de la boca del Dios sempiterno; y su palabra resonará de generación en generación.
29 Y Dios os mostrará que lo que he escrito es verdadero.
30 Y otra vez quisiera exhortaros a que vinieseis a Cristo, y procuraseis toda buena dádiva; y que no tocaseis el don malo, ni la cosa impura.
31 ¡Y despierta y levántate del polvo, oh Jerusalén; sí, y vístete tus ropas hermosas, oh hija de Sión; y fortalece tus estacas, y extiende tus linderos para siempre, a fin de que ya no seas más confundida, y se cumplan los convenios que el Padre Eterno te ha hecho, oh casa de Israel!
32 Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios.
(Libro de Mormón | Moroni 10:28 - 32)
Cada vez que el Libro de Mormón y que la Biblia hablan del cumplimiento de los convenios hechos con nuestros padres, se refieren explícitamente al cumplimiento del Convenio de Abraham, llevado a cabo a través de las bendiciones separadas y distintas a cada una de las tribus de Israel. De allí que cobre tanta importancia la comprensión de estas bendiciones, de las cuales surge la naturaleza de nuestras bendiciones patriarcales para enseñarnos nuestra porción particular dentro de ellas, y, con ello, dentro de todo el plan de salvación de Dios para la humanidad. Ese es nuestro papel dentro del Plan de Salvación y dentro del establecimiento de Sión.
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