Las partes del convenio
Por su parte, Dios le concedió a Abraham las siguientes promesas:
- El convenio del linaje establecía que la posteridad de Abraham sería tan innumerable como las estrellas del cielo o como las arenas del mar.
- El convenio de la tierra definía a la actual Palestina como la tierra de herencia de Abraham y de su descendencia
- El convenio del sacerdocio establecía que su posteridad tendría derecho al sacerdocio y que todas las naciones de la tierra serían bendecidas a través de este sacerdocio.
Al considerar estas bendiciones con cuidado nos daremos cuenta de que son mayores que las de cualquier otro grupo o pueblo sobre la tierra. El convenio dado a Abraham estaba destinado a definir toda la historia de la humanidad y sus posibilidades para alcanzar la salvación alrededor de un grupo que les enseñaría el evangelio, que les guiaría hacia Dios y les administraría sus ordenanzas. Ese grupo sería el linaje escogido de Abraham.
A cambio de estas promesas, Dios le exigiría a Abraham (y a su descendencia) un solo requisito: "Anda delante de Dios y sé perfecto".
Repercusiones del convenio de Abraham
Lo mismo sucede con el convenio de la posteridad: Abraham sólo tuvo dos hijos, y su posteridad inmediata fue limitada; pero es a través del nivel superior que podemos apreciar que su posteridad se hizo innumerable. Por extensión, lo mismo ha sucedido con el convenio del sacerdocio: la influencia de Abraham mismo fue notable, pero limitada; y es a través de su descendencia que posee el sacerdocio que se ven bendecidas todas las naciones de la tierra.
Pero hay un nivel superior a todos y que es aún más importante, y el que nos permite entrever el verdadero significado del convenio: ¿No tiene Dios el sacerdocio? ¿No es Dios el Padre de una incontable posteridad? ¿No es Él el Creador de un número infinito de tierras, y Señor de todo el universo? ¿No es la combinación de estas cosas lo que le constituye como Dios?
A los fieles que se esfuercen por obedecer el evangelio y recibir sus ordenanzas, Dios hace la misma promesa personal: "Todo lo que Dios tiene te será dado", a cambio del mismo sencillo requisito: "Anda delante de mí y sé perfecto".
¿Cómo se recibe el convenio de Abraham?
Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días reciben las bendiciones y promesas del convenio de Abraham como parte de la ordenanza del matrimonio celestial. Con respecto a la importancia de esta ordenanza, el élder Bruce R. McConkie enseñó que "el bautismo es el convenio de salvación; el matrimonio celestial es el convenio de exaltación".
Aún de debajo de las piedras
El convenio de Abraham fue ratificado con Isaac y posteriormente con Jacob, también llamado Israel, estableciéndose así un linaje escogido que tendría la misión de preservar el conocimiento del evangelio y llevar sus bendiciones y ordenanzas a todas las naciones. La circunsición fue, a través de todo el Antiguo Testamento y parte del Nuevo, la señal de pertenencia a este convenio especial. Por ello, muchos judíos llegaron a creer que bastaba con descender de Abraham y ser circuncidado para ser acreedor de todas las bendiciones. Sin embargo, Juan el Bautista señaló que la pertenencia al Convenio de Abraham y la recepción de sus bendiciones distan mucho de ser automáticas.
"¡Generación de víboras!, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera? Producid, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: "A Abraham tenemos por padre", porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aún de estas piedras. Además, el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y hechado al fuego". (Mateo 2:7-10)
Como Santos de los Ultimos Días bien haríamos en recordar las lecciones históricas que han sido puestas al olvido por el resto de los descendientes de Abraham, tanto por Israel como por Ismael, y que hoy mantienen el deplorable pie de lucha en Medio Oriente. Como hijos de Israel, tenemos una obra importante por hacer, a favor de la restauración de la paz sobre la tierra y el establecimiento de Sión. Sería muy lamentable que, a través de nuestra forma de hablar o de actuar, descansáramos esa responsabilidad, asignada por Dios a nosotros, en otras entidades, o grupos, o pueblos, y perdiésemos así nuestra parte en el Reino de Dios.
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