La palabra "vicario" viene del latín vicarius, que a su vez se deriva de vice, y que significa "en vez de". Es decir, que un vicario es el que representa a otro o toma su lugar.
En las escrituras existen varios ejemplos de vicarios. Uno de ellos es el de los sacerdotes del sacerdocio de Aarón. Al principio se instó a todo el pueblo israelita a entrar en la presencia de Dios. Este era un objetivo ambicioso por parte de Dios, pero no pudo satisfacerse debido a la dureza del corazón del pueblo, que les hizo temer delante de Dios.
23 Moisés claramente enseñó esto a los hijos de Israel en el desierto, y procuró diligentemente santificar a los de su pueblo, a fin de que vieran la faz de Dios;
24 mas endurecieron sus corazones y no pudieron aguantar su presencia; por tanto, el Señor en su ira, porque su ira se había encendido en contra de ellos, juró que mientras estuviesen en el desierto no entrarían en su reposo, el cual es la plenitud de su gloria.
25 Por consiguiente, tomó a Moisés de entre ellos, y el Santo Sacerdocio también;
26 y continuó el sacerdocio menor, que tiene la llave del ministerio de ángeles y el evangelio preparatorio,
(Doctrina y Convenios | Sección 84:23 - 26)
Bajo la instrucción de Dios, los representantes de este sacerdocio menor, o preparatorio, representaban a todo el pueblo, al entrar en la presencia del Señor. Una vez al año, el Sumo Sacerdote del Sacerdocio de Aarón entraba en el lugar santísimo, o salón celestial, representando vicariamente al pueblo.
Pero en la segunda parte entra una vez al año, y solo, el Sumo Sacerdote, y no sin sangre que ofrecer por sí mismo y por los pecados del pueblo. (Hebreos 9:7)
Los poseedores del sacerdocio menor también efectuaban ordenanzas en las cuales se simbolizaba también esta representatividad. Una res era escogida para representar a quien la ofrecía, y entonces se realizaba una curiosa acción por medio de la cual sus pecados le eran transmitidos simbólicamente, y a partir de entonces se consideraba al animal su vicario, y se ofrecía al animal en sacrificio por sus pecados, como si él pagara por ellos. Por ejemplo:
Imponiendo ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo hará confesión sobre él de todas las iniquidades de los israelitas y de todas las rebeldías en todos los pecados de ellos y cargándolas sobre la cabeza del macho cabrío, lo enviará al desierto por medio de un hombre dispuesto para ello.
Así el macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos, hacia una tierra árida; y soltará el macho cabrío en el desierto. (Lev 16:21-22)
El sacrificio del animal era únicamente una representación del futuro sacrificio de Jesucristo, pues esta es precisamente la forma en que Jesucristo padeció vicariamente por nosotros.
Pero presentóse Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo.
Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna.
Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne,
¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo! (Hebreos 9:11-14)
¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.
El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. (Isaías 53:4-5)
Así como él padeció por nosotros, Jesucristo también habilitó a los miembros de Su Iglesia que toman Su nombre sobre sí para que sean vicarios, al representar a otras personas que no tuvieron la posibilidad de recibir en vida sus propias ordenanzas.
Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos. (Rom 14:9)
Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.
En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, (1Pe 3:18-19)
Porque por esto ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que, sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios. (1 Pe 4:6)
A la figura de la cual el bautismo que a esto corresponde ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, mas dando testimonio de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesús, el Cristo, (1Pe 3:21)
El bautismo que corresponde a esta maravillosa obra vicaria, en la que representantes vivos pueden realizar el bautismo a favor de sus seres amados que han fallecido sin conocer el evangelio, para ponerlo a su disposición y que ellos tengan el privilegio de decidir o no aceptarlo, es la labor que ahora se realiza en los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Esta es una obra de amor, profetizada por el profeta Malaquías para ser llevada en los últimos días, para colaborar con Jesucristo en la salvación del mundo. Todos somos invitados a poner nuestro granito de arena en esta impresionante obra que se lleva a cabo en nuestros días, en los templos que han sido dedicados como una casa apropiada para el Altísimo, a los cuales ahora se nos permite entrar nosotros mismos, en lugar de estar esperando que alguien lo haga por nosotros.
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