La Sociedad de Socorro fue organizada por el Profeta José Smith en Nauvoo, el 17 de marzo de 1842. La esposa del Profeta, Emma Smith, fue la primera presidenta de la organización. La organización fue cambiando de nombres a través del tiempo: primero fue la Sociedad Femenina de Socorro, luego, el 10 de octubre de 1892, se le llamó la Sociedad Nacional de Socorro para Mujeres.
Como sea, es trascendente saber que fue la primera sociedad femenina organizada en todo el mundo, un antecedente importante acerca de la lucha por los derechos de las mujeres, surgido por la revelación de Dios en la Iglesia de Jesucristo, en una época en donde el resto del mundo multiplicaba los obstáculos de las mujeres para desarrollarse. Es una muestra del interés que el Señor tiene por Sus hijas y también del papel que la Iglesia de Jesucristo ha sido llamada a desempeñar en estos últimos días.
El propósito de la Sociedad de Socorro
En el acta de la reunión original, el Profeta José Smith asentó que el objeto de la Sociedad sería velar por las necesidades de los pobres;buscar a las personas que necesitaran caridad y administrarles sus necesidades, y prestar ayuda en corregir la moralidad y fortalecer las virtudes de la comunidad. La sociedad debía estar compuesta por mujeres virtuosas y resueltas, decididas a depurar la iniquidad y a vencer dificultades.
El lema de la Sociedad es “la caridad nunca deja de ser”. Este lema está tomado del pasaje de Moroni 7:46, que habla del amor. Cabe decir que entre los Santos de los Últimos Días la caridad no se concibe como el otorgamiento de limosnas. En el libro de Mormón, el profeta Moroni la define como “el amor puro de Cristo” y como un principio infinito: “pero la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día le irá bien” (Moroni 7:47). El simple otorgamiento de dádivas no cubre todo lo que cubre el amor puro de Cristo en su aplicación.
Impacto de la Sociedad de Socorro
Al efectuarse la primera organización en Nauvoo, se nombró a un comité de dieciséis hermanas – cuatro de cada uno de los barrios que había – para visitar regularmente a las familias y estar pendientes de los afligidos y necesitados con el propósito de socorrerlos. Así fue como se inició la obra de las Maestras Visitantes en la Sociedad de Socorro (y ahora ni quién las pare). De 18 miembros que tenía en un inicio, la sociedad creció hasta 1,275 en dos años.
La Sociedad en nuestros días
[caption id="" align="alignright" width="220" caption="Eliza Roxcy Snow Young, más conocida como Eliza R. Snow, gran poetisa y segunda presidenta de la Sociedad de Socorro. (Photo credit: Wikipedia)"]
No es necesario ser miembro de la Iglesia de Jesucristo para pertenecer o asistir a la Sociedad de Socorro. En 1972, la Sociedad tenía 715,071 hermanas, pero entre ellas 4,558 no eran miembros de la Iglesia. Antes se componía de todas las mujeres, pero en 1973 se indicó que se integraría sólo con las mujeres mayores de 18 años y casadas menores de 18, dejando al resto al cuidado de Mujeres Jóvenes y de la Primaria.
La sociedad ha derivado en toda una escuela de liderazgo. En el presente, además de los cursos dominicales sobre el evangelio y la familia se imparten entre semana cursos gratuitos de administración del hogar y economía doméstica, de artes manuales y de primeros auxilios, se habla sobre la formación de los hijos, se promueven programas internos de salud y educación, se hacen visitas a los hospitales, se cuida a los niños de otros. Todas las mujeres del mundo, miembros y no miembros de la Iglesia, están invitadas a participar.
Recuerdo con ternura que mi mamá, que no es miembro de la Iglesia, fue cuidada y alimentada durante unas dos semanas por la Sociedad después de su último trabajo de parto. Durante ese tiempo, las hermanas, amas de casa y con hijos ellas mismas, se turnaron para vigilar que mi madre no moviera un dedo en casa y pudiera reponerse en paz. ¡Cómo no he entonces de admirar la dedicación de las hermanas! Estoy seguro que no soy el único en quien la Sociedad de Socorro ha dejado recuerdos imborrables. Muchas de estas obras se convertirán en bendiciones para las mismas hermanas, bendiciones que sinceramente espero que les acompañen por toda la eternidad. Porque la caridad, que es el amor puro de Cristo, nunca deja de ser y es, de todos, el atributo que más nos aproxima y asemeja a Dios.
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