martes, 4 de enero de 2011

La inercia entre los miembros de la Iglesia

Somos fruto de la que generamos. Afortunadamente, la decidimos. ¿Generas tu inercia?

“Inercia”, me dijo el sabio Dr. Tuoso, “es la tendencia de los cuerpos a permanecer en su estado inicial, ya sea en reposo o en movimiento”.

- A ver si le entiendo. Si una pelota está en reposo, permanecerá en reposo para siempre jamás, ¿no es así?
- Así es. Esa es su inercia.
- Pero, ¿y si la pateo?
- Entonces hay una fuerza externa actuando sobre ella, que rompe su inercia.
- Bueno, ahora está en movimiento. Debería permanecer en movimiento para siempre jamás. Pero no sucede así.
- Aquí en la Tierra no, por la fricción del aire y la del piso, que la frenan. Pero si la llevas al espacio exterior… ¡podrías jugar futból con los ángeles!

Sonreí ante lo divertido de la idea. Me fascinaron las implicaciones. Entrecerré los ojos.

- Creo que conozco un ejemplo perfecto de inercia sobre la Tierra – afirmé repentinamente.
- ¿Sí? ¿Cómo puede ser eso?
- No sé, pero está sucediendo en mi barrio. Les pasa a los miembros.
- No puedo entenderlo.
- Ni yo, pero el caso es que sucede. Quizá sólo suceda en mi barrio, pero a pesar del esfuerzo del obispo y de los líderes por enseñar cada vez mejor el programa de la Iglesia, algunos miembros y líderes parecen empeñados por hacer las mismas cosas. Es como si se establecieran tradiciones.
- Empiezo a entrever lo que dices.
- Sí. Por ejemplo, el presidente de quórum de élderes considera que su principal obligación es la de dar las clases los domingos. Aquí entre nos, es lo único que hacía el presidente anterior.
- Por eso fue relevado.
- Sí, no había orientación familiar, ni cuidado de los pobres, ni obra misional, ni capacitación laboral, ni ordenaciones, ni instrucción sobre las ordenanzas.
Todo eso lo terminaba haciendo el obispo. No había obra del templo. Él consideraba que la obra del templo era posesión exclusiva del grupo de Sumos Sacerdotes. Por cierto, el líder de grupo de Sumos Sacerdotes también pensaba lo mismo. Asistieron juntos a muchas capacitaciones de barrio y estaca donde se les enseñaba lo contrario, y leyeron completos los manuales, pero…
- Eran víctimas de la inercia.
- En su caso, fatal. Lo peor es que el actual presidente está haciendo lo mismo, aún en contra de las capacitaciones. Es nuevo converso, y hace lo que aprendió. El presidente de Hombres Jóvenes también se dedica solamente a las clases. El programa Mi Deber a Dios se encuentra abandonado. Parece que la tendencia es la de preservar las tradiciones, a toda costa, incluso en contra de la instrucción y de los mejores esfuerzos de los líderes.

El Dr. Tuoso se me quedó mirando sombríamente, sumido en oscuros pensamientos sobre los posibles resultados de la inercia al paso del tiempo. Estaba viendo a miembros y líderes que iban resistiendo sistemáticamente todo intento de mejoramiento y de cambio, en un espíritu de semiapostasía, en resistencia directa al Espíritu; personas cuya vida se deteriorara lentamente, como por el efecto de un ácido corrosivo. Hay que confesar que el Dr. Tuoso podía ser verdaderamente tor-tuoso y me estremecieron sus ideas. Sin embargo, su mirada se iluminó y tocó a él entrecerrar sus ojos, mientras me regalaba una amplia sonrisa.

- ¿Y no existe en tu barrio la inercia positiva?
- ¿A qué se refiere?
- La inercia positiva, ¿nunca ha existido un líder que hiciera lo correcto, aunque fuera un poco?
- Sí, pero sus esfuerzos se diluyeron con el cambio de líderes.
- ¿Ya ves? ¡A eso me refiero! ¿Se han enfocado en lo negativo solamente? ??Cómo preservan en tu barrio la herencia positiva?

Guardé silencio. Me sentí confuso y verdaderamente avergonzado por no poder proporcionarle una respuesta.

- Recuerdo -, continuó el Dr. Tuoso ante mi profundo silencio, – un barrio en el cual consideraban que el avance de la Iglesia era impersonal. Allí nadie se sentía protagonista, pero todos hacían su mejor esfuerzo. Por lo tanto, no querían que ese esfuerzo se perdiera. Así como los misioneros tienen carpetas de área, equiparon a los líderes con carpetas. Los líderes debían guardar allí sus manuales, y todo el material útil que pudieran generar, con la idea de heredar ese material a su sucesor. No escribían sino las cosas útiles, a la manera de Nefi, y poco a poco iban preparando la herencia de otros líderes que tomaban la estafeta. El obispado era celoso de revisar esas carpetas cada mes, durante los informes del consejo de barrio.

- Y entonces, ¿había continuidad en los proyectos?

- Para ser sincero, no siempre. Se respetaba la inspiración de cada líder. Pero los proyectos buenos eran continuados, sobre todo proyectos permanentes como Mi Deber a Dios y el Progreso Personal, o el desarrollo de los nuevos conversos. No podían ir de un lado a otro con estos programas. Debían continuarlos, donde el líder anterior se había quedado, porque allí se trataba de personas, no programas. Debe haber una forma de transmitir ese mismo espíritu a un barrio. ¿No hay ninguna buena tradición en tu barrio? ¿Ningún líder de influencia que pueda transmitirlas? ¿Tú no eres así?

Mi bochorno me condujo a observar el próximo domingo, con mayor atención. Desde entonces he tenido el placer de comentar con mi amigo mis nuevos descubrimientos.
Entre ellos, descubrí que me había convertido en crítico y amargado quejoso, pero que al enfocarme en la inercia positiva, comenzaba a generarla. Para los demás y también para mí mismo. También comencé a estudiar las escrituras con mayor frecuencia y a llevar un diario personal. Mi desarrollo se hizo menos casual.

Me intriga la universalidad de las leyes de la inercia. Nunca he salido de mi pueblo; me pregunto, ¿será posible acaso que esto suceda también en otros barrios?

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