viernes, 11 de mayo de 2001

La Oposición de los Judíos al Bautismo por sus muertos

Algunas de las noticias que he encontrado son muy útiles en la formación de criterios. Creo que esta es una de ellas: Recientemente, un genealogista de Salt Lake City halló 200 nombres de judíos famosos en los registros de bautismos vicarios de la Iglesia. Esto contravenía un acuerdo que se había hecho en 1995 con organizaciones judías, así que levantó controversia y la Iglesia, por supuesto, removerá los 200 nombres, y también aquellos otros que sean necesarios, en un nuevo acuerdo con el centro Simon Wiesenthal, de Los Angeles. Además, la Iglesia se ha puesto a buscar nuevas maneras de filtrar los nombres de judíos en sus registros.

Entre los 200 nombres, sorpréndanse, se incluía a Sigmund Freud; David Ben-Gurion, el 1º primer ministro de Israel, y parientes de Anna Frank, la niña que se hizo tristemente famosa al escribir su propio diario durante el holocausto.

Este tipo de acuerdos pueden afectar cientos de miles de nombres, y el suceso resulta interesante porque muestra el tipo de respeto que la Iglesia tiene hacia otras religiones, pero también la oposición de otras religiones hacia algunas prácticas de la Iglesia. Un análisis imparcial siempre escucha a las dos partes. Para entender bien esta oposición y mostrarse respetuosos y razonables, se hace necesario comprender el punto de vista de los judíos.

El punto de vista judío
Hay muy poca gente sobre la tierra tan allegada a su religión como el pueblo judío. Para ellos, la religión es su vida misma, en todos sus aspectos. Debemos entender también que ellos no creen en Jesucristo y en la salvación que de ello resulta; tampoco practican el bautismo. Por lo mismo, para ellos resulta sin sentido, y hasta ofensivo, que se bautice a sus muertos con la esperanza de una salvación en Cristo. Aaron Breitbart, del Centro Wiesenthal explica que "esta gente ha nacido judía, han vivido judíos y mucho de ellos han muerto porque eran judíos. No escogieron ser bautizados como mormones en vida y no hay razón para que sean bautizados vicariamente en la muerte". Trata uno de ponerse en su lugar, y si bien es razonable, también puede uno sentir su fuerte oposición en la interpretación que se le da a hechos históricos: "Durante las cruzadas, a la gente judía se le daba a escoger entre el bautismo y la muerte. Mientras que muchos escogieron la muerte, muchos de ellos no tuvieron elección. Fueron bautizados en contra de su voluntad. Aunque esto ocurrió en la edad media, aún nos golpea el estómago".

El punto de vista SUD
Por otra parte, los Santos de los Ultimos Días se ciñen a las Escrituras de la Biblian que indican, como dijo Jesús a Nicodemo, que "el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios" (Juan 3:5). Si bien los SUD respetan las creencias ajenas y no procuran forzar a nadie a bautizarse, su doctrina toma en consideración que muchas personas no pudieron o no quisieron bautizarse en esta vida sólo porque no conocieron el evangelio en su plenitud. También creen que después de esta vida, se les predica el evangelio a estas personas. Por lo tanto, y en apego con las enseñanzas de la Biblia que hablan acerca de esta práctica, los SUD se bautizan vicariamente en sus templos a favor de las personas que no se han bautizado en esta vida, con la creencia de que los muertos, en el mundo espiritual, pueden aceptar o rechazar este bautismo que se ha hecho en su favor. Es decir, no "fuerzan" a los muertos a aceptar este bautismo y el sólo hecho de hacer un bautismo vicario no significa que la otra persona sea ahora miembro de la Iglesia, pues, de acuerdo con su doctrina aún falta que la otra persona acepte en el mundo espiritual la obra que se ha hecho en su favor y el bautismo sólo se ha puesto a su disposición para cuando quiera aceptarlo.

El interés que tienen los SUD por el pueblo judío se incrementa porque ellos mismos se consideran, como los judíos, parte de la casa de Israel, y herederos de las mismas promesas, algunas de las cuales se extienden a los nativos de América, según el registro que se conserva en el Libro de Mormón. Como cristianos, los Santos de los Ultimos Días consideran sus creencias como una extensión de las de los judíos, a las que se agrega la creencia en el Mesías que vino, que realizó una obra salvadora por toda la humanidad y que ha de regresar en estos últimos días. Este interés ha llevado a muchos SUD a presentar ante el templo, para su bautismo vicario, los nombres de muchos judíos prominentes y famosos, a fin de poner a su disposición las bendiciones del evangelio para cuando quieran y si es que quieren aceptarlas. Pero esta disposición no ha sido correctamente entendida por el mundo en general, y ha molestado a los judíos en tal forma que la Iglesia llegó a acuerdos con organizaciones judías en 1995, en el sentido de remover los nombres de muchos judíos de sus registros. Mantener este acuerdo es, sin embargo, algo difícil, pues en sus registros la Iglesia no hace ninguna anotación de raza o credo e inevitablemente se le "cuelan" muchos nombres, por lo que ahora se está trabajando en la búsqueda de un nuevo sistema de filtrado que haga más fácil diferenciar los nombres de quienes son judíos.

¡Pero yo tengo un familiar judío!...

La noticia anterior no debe preocupar a quienes realizan la obra del templo en favor de sus propios familiares fallecidos. El problema en realidad se presentó cuando algunos SUD presentaron ante el templo sin permiso nombres de judíos célebres que no eran familiares suyos. No hay ningún problema cuando el bautismo se realiza por ancestros o familiares directos, o cuando se cuenta con el permiso escrito de los familiares directos de la familia fallecida. Esto hará posible el avance de la obra para la mayoría de los Santos de los Ultimos Días. Los SUD que no estén en estas posibilidades harán bien en recordar la promesa bíblica de que vendrá el día en que todo mundo, incluso los judíos, reconocerán a Cristo como el Salvador; cosa que puede darse en cualquier momento en este mundo que está cambiando con una rapidez vertiginosa, así como ya se han dado muchos milagros semejantes en los últimos años (i.e., la caída del muro de Berlín, la apertura misional de Rusia). A quienes sientan la necesidad de predicar el evangelio a un judío, les recomiendo primero la lectura cuidadosa del libro "Conciudadanos de los Santos", de Hartman Rector, Jr., donde un judío cuenta la historia de su conversión, con muchos detalles interesantes sobre cómo el mensaje del evangelio afectó su cultura y cuáles fueron los aspectos y conceptos del evangelio que más contribuyeron a su conversión.

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